domingo, 23 de septiembre de 2012

020lyndamrc

Cortesía  del Rembrandt del escaneo ,
N. Bathes. Muchas gracias.

Cuenta la tradición mohicana que sus ancestros llegaron del mar , muy lejos en el noroeste, en busca de una tierra similar a la que dejaron atrás, cruzada por ríos y cubierta por bosques frondosos. Tras una larga marcha hacia el este. Con el tiempo se dividieron en varios grupos, con lenguas diferentes. El más viejo de todos era conocido por el nombre de “Muh-he-con-ne-ok” –y con el tiempo, Mohicano-, asentado junto a un río que llamaban “Muh-he-kun-ne-tuk” (más tarde Río Hudson). Siglos antes de la llegada de los europeos, los mohicanos ya estaban organizados políticamente como una confederación que se extendía desde Scoharie Creek al oeste, el lago Champlain al norte (territorio en permanente conflicto entre ingleses y franceses durante el siglo XVIII), los territorios de los actuales estados de Vermon y New Hampshir, y hasta la Isla de Manhattan, al sur. Su modo de vida estaba ligado a los bosques en los que vivían, en los que proliferaban robles, arces, abedules, olmos y, especialmente, abetos rojos. La pesca era muy abundante y no faltaba la caza de osos negros, ciervos, alces, nutrias, castores, visones, linces y pavos. Eran frecuentes los poblados cercanos a las márgenes de los ríos, facilitando así el abastecimiento de agua, el transporte y el comercio. Las viviendas (“wigwams”), en general de gran tamaño (a veces de hasta cien pies), eran rectangulares, con tejados inclinados, cubiertos con corteza de olmo. Cada una albergaba a varias familias del mismo clan y, aunque no tenían ventanas, cada cierta distancia, una obertura en el techo servía para la salida del humo del hogar de cada nucleo familiar


Las mujeres se encargaban de las pequeñas plantaciones y de la recolección de frutos, especialmente savia de arce con la que confecionar un jarabe muy dulce. Mientras, los hombres utilizaban sus canoas para la pesca de arenques y salmones, usando tanto arpones como redes. La carne de caza completaba una rica dieta y permitía un excedente que aliviaba los rigores del duro invierno. A tal fin, tras desecar frutos, carne y pescado, se almacenaban en bolsas,. junto al tabaco, en agujeros no muy profundos, abiertos en el suelo de las casas, cubiertos con hierba, tierra o madera. Durante los meses de invierno, el tiempo se aprovechaba en la confección de mantas, utensilios de caza, guerra u hogar, desarrollando, también una alfarería decorada con vistosos dibujos. Si la reserva de alimentos bajaba en demasía, los hombres salían de caza, desplazándose sobre la nieve, provistos de raquetas.

La irrupción de franceses, holandeses y británicos alteró drásticamente el equilibrio mantenido entre las tribus entre si y el de las tribus con su entorno natural. ´Las tensiones entre las diferentes naciones que convivían en la región se acentuó dramáticamente. En septiembre de 1609, Henry Hudson, comerciante holandés, entraba en contacto con los mohicanos tras llegar, a través del río en las tierras nativas. Ya en 1.614 existía un puesto comercial permanente, en Castle Island, a orillas del Río Hudson, en las que la piel de nutria y castor era la mercancía habitual de intercambio.

Conforme se extendía el comercio de pieles, la competencia por la caza entre Mohicanos, Mohawks e Iroqueses del Oeste devino en constantes enfrentamientos, con el fin de mantener sus territorios y mantener la paz con sus respectivos aliados europeos, quienes comenzaron a utilizar a los nativos como carne de cañón y fuerza de choque en sus propias contiendas. La presión de la guerra obligó finalmente a los mohicanos a un nuevo asentamiento, más al este, en territorio de los actuales estados de Connecticut y Massachusetts. La influencia europea (desde determinado momento, predominantemente británica) arrasó tamién con su modo de vida tradicional. La artesanía y la confección de útiles decayó, para acabar dependiendo definitivamente del suministro de los comerciantes blancos. La tierra, antes comunal, comenzó a ser parcelada y, a la postre terminó cambiando de manos (no siempre de modo pacífico). Al drama de la desaparición de toda una cultura, hubo que añadir el desastre humano que se cobraron en decenas de miles de víctimas las enfermedades trasmitidas por los europeos, como la viruela o el sarampión. Las tradiciones culturales, los mitos y las creencias religiosas fueron suplantadas por el cristianismo, presente en la región desde que, en 1.734, el misionero John Sargeant accedió a la región y comenzaran a construirse misiones antes de acabar esa década.

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